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viernes, 24 de julio de 2015

Santa Evita. Tomás Eloy Martínez

Este libro siempre figuró en mi lista de libros a leer. Siempre llamó mi curiosidad la misteriosa odisea que vivió el cuerpo embalsamado de Eva Perón, una de las historias más locas de la Argentina.
Este es un reportaje casi periodístico de todo lo que le tocó pasar al cuerpo embalsamado de Eva Perón, quien murió el 26 de julio de 1956, pero que muchos años después siguió deambulando como una muñeca de cera a la cual algunos veneraban y otros odiaban y temían.
Eva Duarte, la mujer, fue amada y odiada al mismo tiempo cuando estaba viva. Los pobres, la clase trabajadora menos favorecida, sus "grasitas", veía a la esposa de Juan Domingo Perón como a una santa. En cambio, la élite burguesa la odiaba, deseaba su muerte. Pero nadie pudo prever que cuando la muerte a raíz de una dolorosa enfermedad se la llevó, su poder y su mito no haría otra cosa que crecer. Ese poder y mito se transcribe en las páginas de este libro.
Eva Perón, como todo mortal, quería ser siempre recordada, pero al mismo tiempo, había pedido expresamente a su madre que, una vez muerta, nadie la desnudara o tocara. Pero Perón, fue el primero en quebrantar ese deseo al ordenar a Pedro Ara, un médico español famoso por su arte en la preservación de los cuerpos muertos, embalsamarla para toda la eternidad. El trabajo le tomó a Ara dos años, dos años registrados minuciosamente en sus anotaciones, dos años en que dejó de verla como a una persona para considerarla su creación... Y a veces el artista se enamora de su obra...
Cuando terminó su trabajo, Perón fue derrocado del poder y abandonó a su suerte el cuerpo de su difunta esposa que de esa manera empezó su increíble calvario.
No sabía mucho de Eva Perón, solo lo que siempre se cuenta, pero esta historia, como dije, siempre me fascinó y despertó mi curiosidad, una curiosidad un poco insana talvez, pero curiosidad al fin.
No hay mucho más que pueda agregar, sólo quizás recomendar la lectura de este libro a quienes se sienten deseosos de conocer la historia de nuestra América Latina. Y también invitarles a ver este completo documental donde podrán seguir de cerca esta historia.
La advertencia obligatoria quizás sea que, al estar basado este libro en los recuerdos y anécdotas de quienes vivieron de cerca tan agitado y controvertido momento, no se puede tomar al pie de la letra en forma íntegra todas sus aseveraciones. Las anécdotas a veces se tiñen de impresiciones coloreadas y desdibujadas por el recuerdo y los sentimientos



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Indias blancas. La vuelta del ranquel. Florencia Bonelli

¿Puede el amor vencer a la traición y restaurar la confianza? ¿Es posible perdonar por amor aun en contra de la propia sangre? ¿Puede un indio ranquel perdonar por amor cuando supuestamente los indios no perdonan?
La historia de Laura Escalante, viuda de Riglos y de Nahueltruz Guor, escondido detrás de su nombre cristiano de Lorenzo Rosas, empezó en otro libro "Indias Blancas", cuyo momento cronológico respecto a la historia que se cuenta en esta novela es seis años anterior. Pasaron seis años para que Laura y Nahuel volvieran a encontrarse, seis años que no supieron aplacar la pasión y tampoco el odio... No tuve, ciertamente, oportunidad de leer aquel libro, pero esa circunstancia no fue impedimento para disfrutar esta novela como lo hice.
Esta novela es mucho más que una novela rosa ambientada en el pasado de la historia argentina. Los personajes históricos que desfilan por sus páginas, conviviendo con Laura y Nahuel son mucho más que un relleno, le dan a toda la historia una calidez y realidad especial. La descripción de las costumbres y modas de la época en que el relato se desarrolla le dan también un colorido muy rico en matices, con luces y sombras, con peculiaridades propias de las sociedades de antaño.
No pienso contarles otros detalles de esta novela, ya les tocará a ustedes descubrir como se desarrolla la trama, pero dejen que les diga que si les gusta las novelas de época y romance, esta no les decepcionará.
Solo dejen que me despida con una frase que le dedicara Nahuel a su amada Laura en los avatares de su historia de amor, son palabras de Petrarca, profundas y antiguas: "Bendito sea el día y el mes, y el año y la estación y el tiempo y el punto y el sitio en que tus hermosos ojos negros me encadenaron".
A mi abuela Rosario, que ya no está entre nosotros y cuyo cumpleaños se hubiera celebrado hoy, esta
novela le hubiera encantado.