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jueves, 6 de junio de 2013

Julieta piensa: En fin... (goteras, gatos fugitivos y citas románticas) Final...

Se preguntarán, si es que leyeron las entradas anteriores, qué pasó con mi cita romántica ambientada en un departamento lleno de goteras, pues bien, Ricardo (convenientemente, no se si lo dije antes, muy parecido a su homónimo famoso, el actor inglés Richard Armitage) y yo (simplemente Julieta), nos refugiamos en el único lugar de mi departamento que parecía estar libre de goteras. Como él estaba mojado, igual que yo, le presté una toalla y se secó con ella el corto cabello negro... Nos sentamos a charlar. Él me contó de su vida y yo de la mía, y así estuvimos por horas. Inoportunamente, el hambre nos recordó que no habíamos cenado cuando estuvimos en aquel restaurante de lujo al cual él me había llevado y del cual huí despavorida luego de que él actuara como un neurótico al verme masticar un chicle en su camioneta... Para mi suerte, el Ricardo con quien conversaba en la cocina de mi departamento, estaba relajado, tranquilo, sonriente, charlatán y de buen humor. El opuesto total Ricardo de horas antes (¿Un caso de Jakyl y Mr Hide?)
Era imposible pedir un delivery con aquella tormenta, y entonces fui a buscar algo en mi heladera. Saqué de ella pan, queso, aceitunas y tomate y preparé unos sandwiches bien cargados que luego puse sobre el fuego. Para mi fortuna, había secuestrado de la casa de mis padres un par de botellas de cerveza que nos sirvieron para drenar la comida seca. Ricardo elogió mi invento y dijo que se sentía como si estuviera comiendo en una pizzería europea.
- ¿Y Ricky? - pregunté mientras devorábamos los sandwiches, recordando a su gato, el culpable de nuestro encuentro.
- Debe estar durmiendo plácidamente en un rincón de mi casa. - dijo él y luego añadió - ¿Creerías que su pasaje y sus papeles cuestan mucho más caros que los míos?
- ¿Pasajes? - pregunté sin comprender.
- Me voy a Inglaterra dentro de un par de semanas.
Eso me bajó de cualquier posible nube a la que me hubiera subido en medio de aquella cena improvisada.
- ¿Te vas por un tiempo?
- No, me voy a estudiar y trabajar allá, voy a vivir allá unos años. Al decir verdad, ya lo estaba haciendo, pero vine por motivos personales y ahora regreso. Y llevo al gato conmigo porque mi madre también va a vivir allá, de hecho nos mudaremos a un departamento juntos.
- Ah. - dije...
La luz se fue de pronto, dejándonos en la completa oscuridad. Una oscuridad que pronto se hizo tenue por la claridad que entraba engañosa de afuera, pues, al decir verdad, la calle también había quedado a oscuras. Me puse de pie y anuncié que buscaría velas, pero Ricardo me detuvo, atajandome del brazo.
- No, no vayas. - me pidió - quédate - y me hizo sentar, más cerca de él.
- Disfrutemos de esta oscuridad - añadió, susurrando.
Claro que adiviné lo que venía a continuación, y no hice nada para detener aquel beso que me dio, sin prisas, lento y prolongado. No sé lo que pensé, supongo que mi mente quedó en blanco... Suspiro...
- Eres muy hermosa - dijo él, sujetando mi rostro entre sus manos y volviendo a besarme - Si pudiera te llevaría conmigo...
Un tornado no hubiera sido más caudaloso y desestabilizador. No sé qué hubiera pasado si la luz no hubiera interrumpido nuestro idilio. La luz me trajo al presente y en cierta forma, me devolvió la cordura y a él también. Nos dimos cuenta entonces que era tarde y que debíamos concluir nuestra cita por ese día. Se despidió de mí con otro beso más corto y sutil y yo me quedé en las nubes. Y así, en las nubes, fui a darme un baño y a dormir....Afuera la lluvia seguía cayendo y mis goteras hacían eco de ella, tintineando ruidosamente en el fondo de las ollas y los baldes esparcidos por mi departamento.

domingo, 12 de mayo de 2013

Julieta piensa: goteras y flores

En cuanto llegué a mi departamento, en el momento en que pagaba el taxi, un aguacero repentino se abalanzó sobre la ciudad, dejándome empapada. Entré corriendo y antes de cambiarme, me dispuse a repartir las ollas y sartenes por todas partes... En eso estaba cuando se escuchó el timbre de la puerta...Me quedé de una pieza y algo sorprendida porque no esperaba a nadie. ¿Quien podía ser?
- Soy yo, - dijo una voz masculina que me sonaba vagamente conocida - Ricardo, quiero disculparme por como me comporté, por favor, me puedes abrir.
No podía creerlo, él. Debió haber salido justo detrás de mi para llegar así tan rápido. Mi departamento se hacía agua y las cacerolas empezaban a dar su concierto de goteras, clack, clack, clack. El golpeó la puerta y yo decidí que no perdía nada en atenderle. Así que le abrí y él entró raudamente para ponerse delante de mi.
- Estas empapada. - fue lo que dijo entonces, algo que era más que obvio y luego miró a su alrededor así que esperé que mencionara las goteras, pero no lo hizo - Lo siento Julieta, vine a disculparme, me porté como un burro contigo, verás soy un poco exagerado a veces en mis reacciones...- tenía en las manos un ramo de flores - por cierto, esto es para tí, espero que sepas disculparme y darme otra oportunidad, nuestra cita aun no había empezado y yo la arruiné supongo.
Estaba a punto de darle la razón, pero él siguió sin dejarme hablar.
- Por favor, acepta las flores y acepta salir conmigo otra vez, se que no cenaste y es por mi causa...
En eso una enorme gota cayó sobre su cabeza y se deslizó por el cuello de su camisa, haciendo que diera un respingo... era una gota nueva y a esa gota siguieron otras, empapándolo a su vez.
Yo esperé que maldijera o que protestara, en cambio, él empezó a reirse y yo con él, fui a traerle una toalla y tomé las dichosas flores para ponerlas luego en un jarrón. Nos refugiamos en la cocina, en un sector libre de goteras y le pregunté si que le parecía la idea de pedir un delivery, él aceptó... Entonces, empapados y sin parar de reirnos, comenzó realmente nuestra cita.

jueves, 9 de mayo de 2013

Julieta piensa: Cita accidentada o la continuación de la historia del gato y las goteras, segunda parte

Mi caballero de la brillante armadura se puso al mando de su brioso corcel... Es decir, Ricardo, luego de cerrar amablemente mi puerta, subió a su vez y encendió el motor de su enorme camioneta. Puso la radio, donde sonaba una música alegre y luego sonrió, preguntándome como había ido mi día, pero luego de mirarme y de pronto, para mi gran susto frenó de golpe. Yo pensé que intentaba esquivar a algún otro vehículo, pero no se veía a nadie por ningún lado.
- ¿Qué pasa? - pregunté, sobresaltada.
- Tu chicle. - dijo él, extendiendo la mano hacia mí.
Yo me quedé mirándolo sin entender, pero él insitió, señalando mi boca y su mano. No lo podía creer, me estaba pidiendo que le diera mi chicle. Aquello parecía una mala película sobre niños traviesos o algo así. Le volví a preguntar lo que quería y él me dijo que nadie tenía derecho a comer nada, menos aun chicle en su auto, porque el tapizado era muy caro. Yo, más por asombro que por otra cosa, obedecí y entonces él tiró el chicle dentro de una bolsita que llevaba en la guantera del auto y esa bolsita pronto encontró su destino en un basurero de la calle.
Reanudamos nuestro viaje en silencio y pronto llegamos a nuestro destino. Se trataba de una de esas casas lujosas transformadas en restaurante donde todo exuda lujo. De pronto, mis vaqueros, aunque nuevos quedaron muy fuera de lugar, allí todo el mundo parecía vestido para una fiesta, incluso mi acompañante con su pantalón negro y camisa cara estaba a tono con la ocasión. Nos abrió la puerta un hombre entrado en años, vestido con levita, saludando a Ricardo como un viejo conocido. El mismo nos guió a una mesa ubicada en lo que parecía un balcón bajo y cerrado, donde un amplio ventanal tenía vista al jardín trasero, más exactamente a una piscina con cascada decorada con luces y velas flotantes. Muy romántico. Estaba por decir que todo se veía muy bonito pero fui interrumpida por el teléfono de Ricardo quien se apresuró a atender. Mientras tanto, el mozo se apresuró a servirnos agua en dos finísimas copas de vidrio y yo, sin querer, derramé la copa llena, mojando el mantel con el agua fría... ¡Y parte del agua fue a parar al regazo de Ricardo quien pegó un respingo! Claro que me disculpe y el mozo repuso rápidamente la copa, que gracias al cielo no se rompió. Todo hubiera seguido su curso normal de no ser porque en ese momento pude comprobar que el dueño de Rocky no solo era un maniatico del orden sino un histérico, porque minutos después de lo ocurrido seguía quejandose de la tela cara de su pantalón, que quien sabe como quedaría, que por suerte no fue vino pero aun asi y no se que cosas más. Yo no había aceptado su invitación para ser tratada como una especie de retrasada mental o algo así, y ya me estaba cansando de sus exquiciteses. Así que fingí una llamada, es más, saqué mi teléfono y me puse a hablar con quien supuestamente me había llamado y le dije a Ricardo que debía irme.
- ¿Quieres que te lleve? - preguntó, ahora un poco más calmado y otra vez un tanto encantador.
Yo dije que no, que tomaría un taxi.....y así me despedí de él. No me importaba que se viera como un adonis o un galán de telenovela, sospechaba que el resto de la noche me seguiría tratando como si él fuera el profesor estricto y yo la alumna que no sabía hacer nada, asi que preferí mancharme. Dije adiós con la mano y me despedí para siempre del dueño del gato intruso.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Julieta piensa: cita accidentada o continuando con la historia del gato y las goteras, etc. Primera parte

Hola amigos, vengo a pagar una deuda que tengo con ustedes, es decir a contarles finalmente qué pasó luego de haber encontrado al dueño del gato que se había colado por la ventana de mi nuevo departamento la noche misma del día que me mudé. Pues bien, Ricardo, el dueño de Ricky, como ya saben me invitó a cenar y como imaginarán yo acepté encantada.
Quedamos pues en salir aquella noche, él vendría a buscarme a eso de las 8.
Mis cosas, incluso mis ropas seguían aun embaladas dentro de las cajas de la mudanza, y por cierto que alguna de las cajas, junto con su contenido, se habían visto dañadas por el aguacero que se había desatado dentro de mi nuevo hogar con la última lluvia, así que buscar qué ponerme fue toda una proeza. Primero localicé un vaquero negro que usaba para salir. Lo saqué de la bolsa y agradecí que no se hubiera arrugado tanto, porque entonces me di cuenta que tampoco tenía plancha. Encontrar qué ponerme arriba fuer harina de otro costal. Además, todo parecía tener polvo u olor a humedad, yo misma me sentía sucia aunque acababa de salir de la ducha. Aquello era un caos.
Finalmente y cuando casi estaba por ser las ocho, logré ubicar, de las profundidades de una bolsa con ropas, una blusa lila con florecitas blancas que me sentaba muy bien. Sobre la cama quedó una montaña de ropas de todos los colores y texturas. Más tarde me ocuparía en guardarlas.. Los minutos pasaban. Me miré al espejo y me di cuenta que mi cabello estaba tan caótico como mi habitación. Lo peiné como pude y luego busqué mi maquillaje...
¿Dónde estaban mi delineador y el labial? ... Al parecer, me había acordado de traer de casa de mis padres todos mis libros pero no mi maquillaje... Si, debe ser el precio de ser ratón de biblioteca. Por fortuna tenía en mi cartera un brillo de labios, por lo demás, debía contentarme con ir al natural... Una gota de perfume...
En eso sonó mi teléfono. Era un mensaje de Ricardo para anunciarme que ya estaba abajo esperándome. Me tropecé con una caja y aterricé sobre un par de zapatos deportivos viejos. 
- Ya voy. - contesté, llamándolo, y creo que mi voz sonaba como si hubiera corrido una maratón.
Me apresuré a buscar algún zapato que fuera elegante e ideal para salir. Aquello fue tropezarse con más cajas, pero finalmente logré localizar un par de suecos que podrían servir. Tomé mi cartera y bajé.
 El me esperaba parado junto a su camioneta negra, radiante como un actor de cine. Y disculpen que vuelva a sonar como radionovela romántica de antaño, pero se veía fenomenal, y si, como en esas historias de color de rosa, me dejó sin aire. El sonrió al verme y dijo que estaba hermosa, luego abrió la puerta de la enorme cabina y me ayudó a trepar en los confines oscuros de la misma. La noche estaba estrellada y hermosa. Yo sonreía como si me hubiera golpeado la cabeza con un ladrillo...(continuará, como dicen en la televisión, y esto último va para las chicas, para que tengan idea como se veía mi cita aquella noche...)


viernes, 12 de abril de 2013

Julieta piensa: se busca, segunda parte

Y de esa manera, con contundentes gotas por todas partes, la lluvia convirtió mi nuevo departamento en un lugar inhabitable.
Pero antes de eso, pude encontrar al dueño de mi peludo amigo. Sucedió un par de días después, cuando empezaba a preguntarme qué nombre ponerle o a qué amiga le gustaría tener un gato por mascota. Estaba de compras en una despensa que quedaba cerca de mi nueva casa, tratando de decidir entre comprar galletitas dulces o un tubo de papas fritas cuando alguien se acercó a mi por detrás.
- Disculpa. - dijo.
Me di la vuelta para encontrarme con un hombre muy alto a quien con mis modestos un metro sesenta y cinco debía llegarle a la altura del pecho. De hecho tuve que levantar la cabeza para mirarlo. Alto, delgado, cabello oscuro y lacio, bien corto, nariz recta y bien perfilada, labios finos.... Parecía sacado de una revista de modas o de alguna película. Estaba vestido con vaqueros bien ajustados y una remera gris que dejaba al descubierto sus brazos musculosos. (Ay disculpen esto se acaba de convertir en una novela rosa, porque no voy a negarlo, por dentro lancé un suspiro al notar sus ojos azules que sonreían y observaban como si quisiera leer todos mis pensamientos)
- Disculpa - dijo una vez más - el dueño de la despensa me dijo que eres quien puso los avisos sobre un gato extraviado.
- Sí, fui yo. - asentí.
- Resulta que el gato de la fotografía es mi gato.- anunció - Llevo días buscándolo. - sacó su billetera y se puso a buscar algo en ella, me mostró una fotografía donde aparecía un felino muy parecido a mi inesperado huésped... - Al decir verdad, el gato es de mi madre pero me encargó que lo cuidara mientras ella esta de viaje, se fue a Europa por dos meses. Ella todavía no sabe que Ricky se escapó, no sabía como darle la noticia.
- ¿Se llama Ricky? - pregunté.
-Si, es su nombre y yo me llamo Ricardo, por cierto.
No se como me aguante para no reírme en su cara. El sonrió, casi sonrojado.
- Si, creo que mi madre esta obsesionada con ese nombre.
Claro que un tenía ciertos reparos de que estuviéramos hablando del mismo gato, pero por algún motivo, le creí, y si mi siguiente paso fue llevarlo a mi departamento para que lo viera con sus propios ojos. El me siguió muy de cerca por el corto trayecto que separaba la despensa de mi departamento. Me contó que estaba viviendo temporalmente en la casa de su madre pero estaba buscando un lugar donde vivir y que acababa de llegar de Inglaterra a donde había ido a estudiar.
Cuando llegamos, lamenté el estado caótico de mi vivienda. Me había visto obligada a resguardar todas las cajas bajo una enorme carpa que encontré en el baño y aun así algunas se habían mojado. Tenía recipientes de cocina por todo el piso, ya vacíos de agua pero puestos de manera estratégica a fin de esperar las próximas lluvias. Parecía una zona de guerra. Me tuve que disculpar.
- ¿Tienes goteras? - dijo y estuve tentada a decir que no...
Fui a buscar al gato a lo que con suerte sería alguna vez un dormitorio pero seguía siendo un desorden de cajas, ropero, cama y más envases esparcidos a la espera de lluvia. Ricky, si ese era su nombre se había vuelto a esconder en las profundidades del armario, así que no me fue dificil encontrarlo. Lo alcé pero  él decidió que no quería estar en brazos, así que me ví obligada a perseguirlo por toda la habitación. Ricardo, al escuchar el alboroto, pidió permiso y entró a mi cuarto, atrapando, no sin esfuerzo a su temperamental mascota. Y pueden decir ustedes que acepté sin reparos que el gato era efectivamente suyo, pero aunque el gato no pudiera decir, este es mi dueño o, no este es un impostor, parecía sentirse a gusto en los brazos de Ricardo y al comprarlo una vez más con la foto que éste acarreaba en su billetera, no pude sino afirmar que era el mismo felino.
- ¿Cuanto pides por haberlo cuidado? - me preguntó.
- ¿Por cuidarlo? No, nada.
- Pero seguramente tuviste que darle de comer y te dio trabajo.
- Fue una buena compañía.
Ricardo insistió y yo volví a negarme, y entonces preguntó si aceptaba una invitación a almorzar.Como bien imaginan, mi respuesta fue sí. Y así quedamos en encontrarnos al día siguiente. Dijo que pasaría por la puerta de mi departamento a las 11 y media.
- Espero que te guste la comida italiana.
.... Como dicen en la televisión, esta historia continuará.

viernes, 5 de abril de 2013

Julieta piensa: se busca, primera parte

Hola amigos, siguiendo con la historia del gato, como les conté, después de fotografiarlo pacientemente - porque no quería quedarse quieto y muchas veces se escondía en las profundidades del ropero en el momento justo de hacer click con la cámara del celular - alcé las fotos a la computadora y redacté  un corto anuncio de "gato perdido", o debería decir "dueño de gato perdido/se busca". Cuando terminé mi anuncio y lo imprimí afuera empezaba a la mañana y me di cuenta que mi peludo intruso me había mantenido despierta toda la madrugada, y claro, ahora el muy fresco se había transformado en una pelota y dormía placidamente en la profundidad del mueble donde se suponía debía guardar mi ropa. No quería pensar en las olorosas consecuencias de este problema, no, para nada.
Decidí darme una ducha y luego desayunar. Estaba de vacaciones, es verdad, pero como había prometido ayudar a mi madre en su negocio de libros usados, igual tenía que vestirme y luego irme a buscar a mi progenitora....Un momento... Juraba que si hacía más silencio, escucharía los ronquidos del gato. ¿Los gatos roncan? Bueno, no tengo idea, pero comprendí enseguida que no podía dejar todo mi departamento a expensas un animal tan escurridizo. Así que resolví llamar a mi madre y explicarle el problema de cuatro patas que tenía. Miré el reloj, aun era muy temprano, cerca de las seis y media, pero estaba segura que mi madre estaría ya despierta, preparando el desayuno para ella y mi padre y preparándose para ir a su negocio en cuanto yo pasara por ella. Cuando le conté lo que sucedía y que quería tomarme el día libre para buscar el dueño del gato, murmuró algo como "sabía que algo así iba a pasar".
- ¿Y qué hay de mañana?
- Mañana sí, iré.
Bien, después de despedirme de mi madre, quien se despidió con menos cortesía que la que usara para responder. Encerré al gato en el ropero, para que no se escapara o se perdiera en otra parte del departamento.. El gato me lanzó un dubitativo "miau" y me miró con ojos asombrados. Yo salí a dar una vuelta con las hojas que había impreso con la foto de mi felino amigo. Apenas empecé por la primera calle y luego de entrar en una tienda cercana, mi teléfono celular - el número que puse a disposición de quienes quisieran  contactarme - empezó a sonar como un objeto diabólico. Era una señora, quien dijo que el gato se parecía mucho a su mascota de nombre Timoteo. Me contó que hacía dos días que no lo veía y ya empezaba a preguntarme como podía hacer para verlo y llevarlo de regreso a casa cuando se interrumpió abruptamente:
- ¿Timoteo? - sentí que alejaba la voz del auricular - ¿Timoteo, eres tú? ... Oh, si, gato travieso...- pensé que iba a cortar, pero luego se acordó que yo estaba al otro lado de la línea - no, descuida niña, no es mi gato, Timoteo acaba de entrar a la cocina.
Fue entonces cuando comprendí que quizás me estaba embarcando en una misión casi imposible. ¿Cómo podía encontrar al verdadero dueño de ese gato pulgoso? ¿Cómo podía confiar en que no me engañarían?
Aun así, yo no podía quedarme con ese pobre animalito, tenía que buscarle un lugar, un hogar donde lo pudieran cuidar bien.Otras llamadas parecidas se sucedieron, incluso un señor muy alterado empezó a darme un sermón en tono enojado, preguntando por qué había secuestrado a su gatito Melquiades. Yo por mi parte, ya toda una recién estrenada experta en el tema, le pregunté como era su gato y el hombre dijo, o en todo caso, escupió, que su gato era naranja, como el famoso gato Garfield, entonces supe que mi gato no era su querido Melquiades.
Cuando llegué de regreso a mi departamento y liberé al gato de su oscuro encierro, me senté a su lado preguntándome una vez más que podía hacer yo con esa criatura. Las cajas al rededor mío, denunciaban que aun me faltaba mucho por hacer para volver habitable el lugar. Afuera empezó a llover copiosa y sorpresivamente.... y de pronto, sentí que una enorme gota cayó sobre mi nuca. Yo estaba sentada sobre una de mis tantas cajas.... Me apresuré a moverla de lugar  y miré el techo. Mi departamento estaba ubicado en el último piso de ese edificio de tres niveles. En cuanto a mi techo, era una geografía accidentada de manchas de humedad. De pronto, el gato y yo tuvimos que correr, salir de la habitación  donde el techo se había convertido en un colador. Afuera en la sala, el panorama no era mejor.
- Miauuu. - dijo el gatito, pegado a mi pierna, deseoso quizás de que lo protegiera de la lluvia.
- Lo mismo digo. - contesté desesperanzada.

domingo, 24 de marzo de 2013

Julieta piensa: Sobre goteras, tercera parte, el intruso

Siguiendo con el relato de esa primera noche en mi nuevo departamento, al sentir el estrépito de cosas que caían al principio no logré ubicarme en el tiempo ni en el espacio. ¿Dónde demonios estaba? La oscuridad me rodeaba casi por completo, con la excepción de una tenue luz que parecía venir de afuera. Me moví despacio y confieso que el dolor que entonces se apoderó de mi cuello era tremendo. Al parecer había dormido mal. Me puse de pie, decidida a buscar el interruptor de la luz que debía de estar en alguna parte en la pared. Choqué con una escoba y luego por una caja, me golpeé el pie con la pata de una silla y luego, al fin llegué a la pared, solo para chocar de nuevo con otra caja. ¡Demonios!
Un ruido pareció hacerme eco, creo que provenía de mi nueva habitación. Desistí de prender la luz y busqué a tientas la escoba, golpeándome otra vez con algo duro, no sé, supongo que era otra caja. Pero por suerte pude encontrar la escoba y armada con ella fui muy despacio a mi habitación, procurando no chocar con nada más y no delatar así mi presencia al intruso, que, por cierto, seguía haciendo mucho ruido...Entré...Me hubiera gustado gritar "¡Alto, en nombre de la ley!", o algo así, pero no me animé. Noté que la ventana que daba al balcón seguía abierta y entonces supe por donde había entrado lo que fuera que se agazapaba tras el tumulto de cajas...Prendí la luz y bien, ya vieron la foto, si, mi intruso me miraba con unos enormes ojos azules, con cara de miedo y me lanzó un preventivo "miauuu"... Era una pequeña bola de pelos atigrada, un gatito que aun no había dejado de ser un cachorrito. Estuve a punto de gritar al verlo, pero no lo hice. Me acordé de la escoba que traía conmigo y decidí dejarla a un lado, aunque no muy lejos, por si la necesitara.
El gato se había metido debajo de una caja ladeada. Por cierto que el estrépito que me había despertado provenía de las cajas que había dejado en la habitación, amontonadas cerca del balcón. Una de las cajas estaba abierta y su contenido esparcido por el suelo. Libros y algunos chiches rotos se esparcían por el suelo sin orden ni concierto.
- Gatito malo, - dije yo - mira lo que hiciste.
Pretendí agarrarlo, pero el gato corrió de mi y se metió en el sucio ropero cuyas puertas seguían abiertas de par en par. ¡Ay nooo!! El mueble ya tenía olor a ultratumba, si el gato se posesionaba de él, ahora además tendría un insoportable olor a orín. Y el gato, como si leyera mis pensamientos, se hizo encima para desesperación mía. Supuse con cierta pena que el gato estaba asustado. ¿Qué podía hacer con él?
De momento, sólo atiné a sentarme frente al ropero y mirarlo. Él, por su parte miraba cada uno de mis movimientos con sus enormes ojos y se metía cada vez más al fondo del oscuro mueble. Presentí que aquella sería una noche muy larga. Saqué el celular que llevaba metido en el bolsillo del pantalón y supe que era apenas las tres de la madrugada.
- Miaaauuu - dijo el gatito
- Miauuu - le contesté...
¿Qué haría yo con un gato?


viernes, 22 de marzo de 2013

Julieta piensa: Sobre goteras, segunda parte: El primer día y la primera noche en el nuevo departamento

  Sentada sobre el sillón cubierto de una tela vieja de dudosa procedencia y rodeada con las cajas que contenían todas mis cosas, en ese domingo soleado de mi primer día de independencia, miré  a mi alrededor y lancé un suspiro. ¿Por dónde empezar?
Polvo y más polvo, cajas y más cajas. Realmente me alegró que mi madre insistiera en que debía llevar trapos y escobas a mi nueva casa porque aquello necesitaba una buena limpieza... Antes que nada, encendí la radio, tocaba una música de "The Killers". Decidí entonces empezar por mi dormitorio, donde como muebles tenía una cama con colchón, un ropero, una mesa y una silla.
Abrí la puerta del balcón, dejando que el aire fresco de la calle reemplazara el viciado del cuarto. Un enorme árbol de mango me daba sombra, en la calle no había nadie, tan solo un gato se paseaba por ahí, pescando por un pequeño pajarito distraído. Pensé en tirarle algo para disuadirlo de su vil acto, pero de pronto un auto pasó a toda velocidad y el gato huyó. Feliz por el pajarito que se había salvado, volví a mirar a la que de ahora en más sería mi habitación. El polvo lo dominaba todo, incluso el colchón. ¿Y yo tendría que dormir allí? Sin pensarlo mucho, me puse a sacudir todo y barrer. Y también a estornudar. Casi me desmayo cuando abrí el ropero, olía a zapato viejo, y cuando me agaché para sacudir la superficie más baja, una enorme araña me dio la bienvenida.
- ¡Aahhhh! - grité.
Pero claro, nadie acudió a mi auxilio y la araña solo volvió a esconderse luego de mirarme con cara de ofendida, sospecho que la había despertado de su siesta. Fui a buscar un insecticida en una de las tantas cajas de la sala, no podría guardar nada en aquel sitio hasta que no lo limpiara a consciencia.Tardé mucho en localizar el veneno, lo había guardado accidentalmente entre mis discos compactos.
Cuando llegó la hora del almuerzo, no había avanzado ni un gramo, todo seguía patas para arriba y ciertamente no tenía nada para comer, pero mi estomago crujía, así que resolví salir a buscar algo que comer. Pero,  ¿donde?. Caminando, dí vuelta a la manzana y no ví otra cosa que casas, perros ladrando o mirando aburridos el cielo y ninguna despensa. Extrañé a ña María, la almacenera de mi barrio que siempre tenía abierto su puesto y donde, aunque era un lugar modesto, se podía encontrar de todo...((((rrerrrrerrwrerwr)))) Ese fue mi estómago. Fui volando a mi nuevo departamento, tomé mi camioneta y me lancé a la búsqueda de una estación de servicio, de cualquier cosa, y ya estaba a media cuadra de la casa de mis padres cuando por fin encontré un lugar donde vendían sándwiches. Me compré uno de verdura y otro de pollo más una gaseosa y lo devoré todo sentada en mi auto. Compré aun otros sandwiches y una bolsa de papas fritas para la noche.
De regreso al departamento, repasé el piso y luego acarreé las cajas que contenían las cosas que ubicaría en mi dormitorio, aunque aun no me animaba a poner nada dentro del ropero. Tendría que comprar algo para solucionar aquel olor a muerto. Sonó el teléfono, era mi amiga Laura.
- ¿Qué tal la mudanza? - preguntó luego de contarme la vida y obra del sinvergüenza de su novio.
- Todo bien, aquí estoy limpiando.
Esperaba que me ofreciera ayuda, pero no. En cambio me preguntó que tal me sentía y yo, que hacía solo unos momentos me cuestionaba duramente haber dado aquel paso arriesgado dije: bien. Si, me sentía bien, feliz y lista para la aventura. Consciente de que nada sería sencillo y mucho menos fácil, pero no importaba. Estaba por mi cuenta ahora.
La noche me encontró devolviendo casi todas las cajas a la sala. Tenía la impresión de que mi cuarto necesitaba una limpieza aun más profunda antes que pudiera desempacar nada. Luego llegó la hora en que ya no tenía fuerzas para nada, ni siquiera darme un baño, pero el colchón tampoco me daba la confianza necesaria para usarlo. Aquella primera noche dormí en el sofá, el cual cubrí con una de las sábanas que había llevado. Al principio, no conseguí pegar un ojo, pero luego dormí como un bebé... Hasta que un ruido fuerte me despertó de golpe...

jueves, 21 de marzo de 2013

Julieta piensa: Otro día de lluvia... hablando de goteras, primera parte

Afuera llueve como si el mundo fuera a acabarse, y eso me recuerda que tengo pendiente contarles de mi breve aventura de independencia que duró hasta que el departamento que alquilaba se hizo agua, o sea, solo un año.
Pero empecemos desde el principio. El calendario marcaba entonces el uno de enero de un año atrás cuando al fin subí todas las cajas con mis pertenencias a mi pequeña camioneta Susuki Vitara de dos puertas. No entraba ningún alfiler. Si me descuidaba, ni siquiera tendría lugar para sentarme y manejar.  Era una mañana de domingo soleado, sin nubes, hacía calor. Había llegado el día de la programada mudanza. Mis padres, que miraban mis preparativos parados en la acera, no estaban muy contentos. Mi madre reclamaba que yo me olvidaría de ellos, y mi padre, acariciando su espalda, le decía que yo ya era lo suficientemente grande para saber lo que hacía.
- Mamá, solo me mudo a unas cuadras. - le dije yo
- Si, pero te llenarás de tantas actividades que no tendrás tiempo de visitarnos.
- Mamá, te olvidas que aun seguiré trabajando en el negocio contigo...
- No es lo mismo.
Cuando a mi madre se le ocurre algo es mejor no contradecirle. Todo lo que pude hacer entonces, fue abrazar a ambos muy fuerte. Se preguntarán ustedes porqué esperé tanto para dar este paso. Bien, creo que   la explicación más acorde a la verdad es que padezco de mamitis crónica, y además, en mi país, un en pleno siglo XXI, generalmente, cuando una mujer sale de casa de sus padres es porque va a casarse...Ya lo sé, suena a prehistoria, pero esa es la creencia de mis queridos padres.
En fin, luego de despedirme de ellos con un gesto de la mano y una sonrisa lagrimosa, arranqué el motor y enfilé rumbo a mi destino. No muy lejos, tal como dije, el nuevo departamento solo quedaba a cinco cuadras de la casa de mis padres. Llamé al timbre de la dueña del edificio que me entregó las llaves y subí a mi nuevo hogar. Me dieron la bienvenida unas paredes que pronto tendría que renovar y unos muebles un poco viejos, pero aprovechables.. Al pasar, ví por ahí un hombrecito dibujado con lápiz, más allá una enorme figura redonda simulaba un sol, hecho con marcador. Supuse que los antiguos inquilinos eran los progenitores de un Monet en ciernes. Sus dibujos ocupaban la mayor parte de la sala y yo decidí quitarles una foto antes de cubrirlas. ¿Quien podría garantizarme que mañana aquellas no fueran las primeras obras de un exitoso pintor?
Cuando bajé la última caja y me senté en el sillón, aun cubierto por una vieja sábana, miré a mi alrededor y lancé un suspiro, la aventura recién empezaba. Tenía todo un mes - durante mis vacaciones - para poner el lugar en condiciones. Ya  iré contándoles como fue aquello. En las entradas que sigan encontrarán un poco de plomería, pintura, decoración de interiores, cocina, y claro, los libros que en ese momento estaban, como el resto de mis cosas, guardados en miles de cajas, esperando ver la luz del día.



jueves, 14 de marzo de 2013

Julieta piensa: que las goteras son una maldición

Luego de la atropellada introducción-explicación de la entrada anterior y que, al parecer sirviera - lágrimas tristes - para que mi única seguidora se esfumara, o en todo caso huyera despavorida, aquí estoy escribiéndoles de nuevo en medio del rítmico tintineo de la lluvia cayendo sobre el techo y sobre una olla, por lo menos es una sola gotera. En mi departamento era gran parte del techo.
Hace una semana que tuve que mudarme de vuelta a la casa de mis padres por culpa de esas goteras y la humedad que resultara, con hongos dañinos incluidos. El edificio completo fue declarado en cuarentena y se cerró, y yo vi entonces mi breve independencia tocar a su fin, al menos de momento, llevada por la lluvia torrencial. Y no me quejo, vivir de nuevo con mis padres es un alivio en cuanto a muchas cosas, como por ejemplo los gastos... Si, es cierto, cuando se vive a costa de otros, y luego de golpe, una decide mudarse por su cuenta, nos damos por enteradas que hay cuentas que pagar que no esperan a nada, como la luz, el agua, la heladera que hay que llenar para sobrevivir. Hay que preocuparse por cocinar - cosa de la que sé menos que pintar - y hay que mirar en todas direcciones antes de entrar a la noche en la casa, no sea que nos siga un ladrón o un violador.
Pero vivir sola es también una aventura, y la disfrute mientras duró. Bueno, yo quiero creer que esta vuelta a la casa de mis padres es temporal mientras se solucione la hecatombe del que fuera mi hogar por casi tres meses....
Y mientras la lluvia hace de las suyas, yo suspiro y abro otro libro que acabo de terminar de leer, para comentarles qué me pareció. Ay, si, tengo que contarles del lugar donde estoy, pero eso tendrá que ser más adelante... Un parpadeo, parece que la luz se esta por cortar, ¿tendremos un apagón? El estruendo de un trueno parece decir que sí, hasta la próxima....